Archivado en: concepto, cultura visual, mensaje, semiótica, sociedad | Etiquetas: crisis, sociedad, vida
A veces me parece vivir en un cadáver; aunque es demasiado exagerado y quizás sea más exacto vivir en una vejez terminal…
No me refiero a mi mismo sino al tiempo en el que vivo, a la sociedad en la que vivimos, a este tiempo que es crisis desde que se le ha puesto esta marca. Por que hoy a cualquier fenómeno social hay que ponerle marca; marca para que funcione, para que se pueda vender en los medios y actúe como valor de cambio en vez de cómo valor de uso, que debiera ser el valor real de la información, y de una realidad que estos debieran transmitirnos.
No voy a centrarme en crisis económica sino de decadencia de un sistema al que hace tan sólo diez o quince años muchos consideraban único e infalible y cuidado si opinabas lo contrario… Prefiero centrarme en una actividad comunicativa, como pueda ser el arte, o la publicidad… o eso que se ha puesto tan de moda en esta decadencia, que es el diseño.
Desde que estudié en una facultad de Bellas Artes he tenido que asistir a un decadente espectáculo que muchos me trataban de inculcar como arte contemporáneo. Desde entonces y hasta ahora he tenido que asistir a una constante repetición de las mismas fórmulas que un día, quizás si, merecieron el calificativo de arte; de arte contemporáneo. Estoy cansado de ver pudrirse en una vitrina una manzana, al año siguiente un bocadillo, al siguiente año una hamburguesa, y al siguiente año, por que no, el cadáver de un perro. Todo recogiendo la idea de perennidad, de efímero, bajo una siempre misma fórmula… y siempre bajo la marca de propuesta novedosa, de artísta genial o de arte contemporáneo, y siempre por supuesto bien vendido por la galería de turno.
Con la publicidad pasa lo mismo, intentar perpetuar viejas fórmulas en un sistema y una sociedad decadente, perpetuados en un abismo donde día a día salen nuevos productos que son un suma y monta del anterior, como piezas de lego en una construcción que ha perdido el sentido, desbocada… Productos que se difuminan y se pierden de lo que un día a lo mejor fue una concepción sólida original…
Hablo, por ejemplo de un yogurt, con sus bacterias beneficiosas, ¡Coño, con las bacterias beneficiosas propias de un yogurt!… pero al que hay que añadirle nuevas bacterias, JODER!!! BACTERIAS PATENTADAS!!!! + sus ácidos grasos beneficiosos para nuestro colesterol + con sus vitaminas eliminadas en un proceso de elaboración defectuoso y luego ser añadidas de nuevo y !!!VENDERTELAS !!!! como un megaPlus + la fibra + esa hora genial que nos proporciona una marca, ese nuevo momento del día, sincronizando todo tu aparato digestivo con la vida diaria en armonía; esa hora también patentada como hora KK u hora especial sin la que ya no puedes vivir… + sabe dios que nuevo sabor de maracuyá ExtraSensaciónVitalicia…. Y al fin y al cabo todo como una metáfora de una sociedad fagocitada a si misma, agotada, consumida por su propio consumo. Como metáfora y espejo de una sociedad es también el arte, ese arte del que hablo en un párrafo superior (superior me refiero a más arriba).
Por que entre tanto y tanto debate sobre que es el arte en el que alguien me metió hace mucho tiempo, yo me quedo con algo verdadero que a un profesor le escuché una vez: “si algo es cierto, es que el arte es un espejo de su tiempo”…
Buen fin de semana.
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La evolución no siempre es buena, y aunque a veces las modas, tendencias y lo que algunos prentender llamar moderno, nos puede transmitir esa idea; en lo que realmente caemos es en una involución…
Espero no caer en la simple queja, y tratar de hacer una crítica constructiva para inducir a la reflexión. Yo que siempre me he quejado de la obsolescencia y anquilosamiento en el que hasta hace muy poco vivía la comunicación en prácticamente la mayoría de las empresas de nuestras tierras, este año viendo un anuario de creatividad que se está publicando desde hace muy poco tiempo en Galicia, me ha hecho caer en el desplome absoluto.
Al ir pasando las primeras páginas me encuentro un cambio absoluto respecto a ediciones anteriores, un cambio gratificante en estas primeras páginas. Sin embargo a medida que avanzo mi navegación por el papel, viendo trabajos de distintas agencias o estudios, y de distintas ciudades, y de distintas generaciones… empiezo a caer en la monotonía; ya no de reconocer un mismo patrón, si no de reconocer auténticas réplicas de trabajos que se pueden ver en los más diversos y sonados libros o revistas de diseño; o de cientos de reconocidos portafolios que cuelgan en Internet.
Esa sensación de alivio o frescor, esa primera emoción de las primeras páginas motivada por la esperanza de cambio, evolución o salto que nos hacía falta, termina en malestar en las últimas páginas del libro.
Nuestra profesión cojea siempre por un pie que se hunde exageradamente en la idea de lo moderno, del avance; algo que es falso ya que cuando estas tendencias llegan a asentarse, aceptarse, y a institucionalizarse como tal ya han perdido el sentido que algunos pretender aún darle. El sentido que algún día si tuvieron, a pesar de causar rechazo por la mayoría, o algún tipo de ceguera.
Dicho claramente por si alguien no lo ha entendido aún, estoy viendo un cúmulo de repetición de conceptos novedosos o frescos a finales de los 90, o en los dos o tres primeros años de este siglo XXI … Pero ya no hay ninguna frescura en lo que veo, es más de lo mismo cayendo en la monotonía, en la repetición de conceptos ya vacíos en algunos casos. Veo repetición hasta el plagio saturado; ya no hablo de un plagio anecdótico, o útil en determinados casos, sino de la saturación del plagio.
Nuestro oficio es comunicar, hacerlo de una manera visual, y de alguna manera atraer la atención de un receptor para que preste atención al mensaje. Si caemos en la repetición o en la simple moda corremos el riesgo de la falta de estímulo, y de la falta de identidad; y si algo prioritario deben tener las marcas, es identidad propia.
Con tanta repetición de lo mismo perdemos dos objetivos fundamentales: la estimulación de la percepción y por tanto la atención hacia el mensaje y su buena lectura así como la identidad propia de la marca. Si aún por encima vivimos saturados de imágenes y nuestros sentidos se hayan cada vez más colapsados… Qué alguien me diga como debo hacer mi trabajo por que me encuentro perdido.
A los chicos de Creatividade Galega mi más sincero apoyo y el deseo de que este tipo de iniciativas sigan adelante; pero ahí queda mi reflexión para todos los que trabajamos día a día en esto.
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Soy un enamorado de Stefan Sagmeister, para mi representa el comunicador de verdad, buenas ideas, conceptos solidos, y mensajes eficientes.
Se acaba de editar un nuevo libro “Things I have learned in my life so far” de la editorial ;en España ya lo podemos conseguir a través de Berlín Libros.
En su libro hay toda una recopilación de sus experimentos tipográficos, cartelísticos, fotografícos… en los que plasma sus evocadoras frases.
La portada… hace honor a algunos de sus mejores trabajos; calada en láser y ofreciéndonos varias versiones mediante el acto de intercalar 15 cuadernillos que adjunta.
